domingo, 16 de enero de 2011

AURELIANO PEREA ALUMA “El león de la selva” (1915-1996)

Escrito por: Rafael Pereachalá Aluma: En el hogar de Marciana Aluma, ella agricultora y Teodolindo Perea, el minero, era un trece de Febrero de 1915, cuando un fuerte berrido de un varoncito al que denominaron José Aureliano, puso fin a la dulce espera de un hogar sacralizado por el rito judeo cristiano. Ya al mundo habían llegado: Saúl, Victoria, Rafael Hermógenes, Lourdes y aun faltaría Juana. Los hechos acontecieron en la finca del matrimonio, en un paraje llamado “La guágua”, por una quebrada que desemboca al portentoso río San Juan, al frente de Tadó (Chocó), en lengua embera “Río de sal”, la tierra donde el cimarrón Rey Barule, realizara su gesta con la consigna “Matar blanco bueno es, luego el Chocó debe morir”, la misma donde “Agustina”, librará su gesta de cimarronismo jurídico al llevar a los estrados judiciales, al amo que la embarazó no respetando que ella estuviese prometida en matrimonio con un hermano de desgracia, obligándola a mal parir, pues la paliza que le propinó hizo que el mulatico naciera muerto. Las comadronas presentes sirvieron de testigas, cuando le abrieron un juicio por homicidio, malos tratos y de ñapa el español se apropiaba del fruto del trabajo de la esclavizada y por cierto fue lo único que la justicia colonial le reconoció a la demandante, la roza de plátano y maíz de la cual se benefició el chapetón.

En medio del oscurantismo de la hegemonía conservadora creció José Aureliano, en su pueblo natal tuvo la fortuna de ser apoyado por un maestro venido del Cauca, quien decidió apoyar la rebeldía infantil, cuando al pie de la mina se negaba a tomar el almocafre y el barretón y lloroso alegaba que lo que quería era ser doctor.
Instalado en su autoconvicción, decidió adelantar su bachillerato en Quibdó, ingresando al colegio “De Carrasquilla”, allí avanzó hasta cuarto, máximo nivel de la época. Para sobrevivir en la capital chocoana, les daba clases de matemáticas a otros estudiantes. Decidido a hacerse “doctor”, se subió al lomo de una mula, atravesó el valle del Atrato y la cordillera Occidental, cruzó el Cauca y en Amagá, la tierra de su futuro condiscípulo Belisario Betancourt Cuartas, cayó al valle de Aburrá esperanzado en una beca intendencial, prometida por los concejales y futuros parientes políticos los hermanos Londoño Palacios Froilán y Onofre.
Inscrito en “menos primero” de Derecho de la Pontificia Universidad Católica Bolivariana, su rector le dijo que era un reto que mantuviera las notas que había sacado en el Carrasquilla, en la Normal de Medellín y en la Normal de Tunja. Asunto que lo motivó a “desbrevarse más todavía”, con lo que solía estimular muy menudo a sus hijos. Se volvió “un goloso del derecho”, en sus propias palabras, adelantando una carrera fulgurante y simultáneamente validando el bachillerato, pues hasta hace poco los maestros no podían estudiar “carreras liberales”, aprobando exitosamente los dos “cocos”: Latín primero” y “Latín segundo”.
Su iliquidez financiera lo llevó a tener por esparcimiento los cursos que daba gratuitamente la sinfónica de Antioquia, de apreciación musical. A su muerte dejó más de 2000 discos de larga duración, entre los cuales privilegiaba a Mozart, Haydin, Lizt y las rapsodias húngaras tanto como la música rusa. Esta afición sumada a la escucha de la radio Nederland de Holanda, la Deutsch Chevelle y la BBC de Londres, las cuales complementaba con una extraordinaria afición por la “literatura universal” (léase europea), eran su pasatiempos favoritos entre una campaña política y otra, entre una defensa penal, ante el jurado, y otra.
Para financiarse en Medellín, José Aureliano aprovechaba las vacaciones para trabajar como maestro. Así lo hizo en su Tadó natal, en Istmina y en primer lugar en Nóvita.
Sus estudios en la Normal de Medellín se vieron abruptamente interrumpidos, cuando junto a todos os chocoanos fueron expulsados. Los Álvarez, Julio y Ramiro, fueron a parar a la costa Atlántica, Tomás de Aquino Moreno, retornó a Quibdó, Aureliano se ubicó en la Normal de Tunja.
Un antioqueño, como respuesta a una sociedad ultragoda y judeo cristiana, decidió poner a prueba, la resurrección de Jesucristo, enterrando a un crucifijo diciéndole que si era tan dios, resucitara. La reacción, ante una pilatuna juvenil de los intolerantes “laicos”, fue expulsar a los chocoanos léase “negros”, sin prueba alguna. Es que el racismo siempre encuentra una razón.
Se hizo necesario un debate parlamentario de Diego Luis Córdoba Córdoba, con el apoyo de Adán Arriaga Andrade, para que los jóvenes, pudiesen seguir sus estudios en otros centros académicos.
La vida de Perealuma fue de retos. Al concluir sus estudios de Derecho se inclinó por una tesis: “Crítica Al Contrato Social, Desde Una Perspectiva Marxista”. Tal osadía fue rechazada por el rector Monseñor Félix Henao Botero quien le espetó: “Aureliano: esta es una universidad confesional y con esa tesis no podemos graduarte”. De inmediato debutó en las lides jurídicas demandando a su universidad, para que esta le permitiera un jurado de la universidad de Antioquia.
Cuando el asunto se decidió a su favor, la U.C.B. (Universidad Católica Bolivariana), accedió a que el jurado fuese de esa casa de estudios, pues el pleito les era muy incómodo. Una vez graduado regresó a Quibdó, ciudad donde fue Personero municipal, juez Promiscuo, Magistrado del Tribunal Contencioso Administrativo, Presidente del mismo. Renunció a la rama, por el golpe de Estado de Gustavo Rojas Pinilla, lanzándose a la oposición y al ejercicio profesional.
Caído Rojas Pinilla se lanzó al ruedo político, aspirando a una curul de la Cámara de Representantes. El líder de Acción Democrática, Diego Luis Córdoba, fungiendo de caudillo lo excluyó en un acto de autoritarismo. Intrépidamente, lanzó una lista disidente que por escaso margen no derrotó a la del hombre más importante del Chocó en siglo XX.
Muerto su primo Gabriel Meluk Aluma, Diego Luis no tuvo otra opción que incluirlo como su suplente al Senado de la República en 1962. El primero de Mayo de 1964, muere en ciudad de México Córdoba Córdoba, llevándose a la tumba su público deseo de ser ministro del Trabajo. Otra vez más pudo el racismo. Perealuma que había entrado a reemplazar al caudillo, inició una carrera fulgurante en el parlamento colombiano, donde no solo se destacó por su voz, oratoria y dialéctica, en favor de los pobres de Colombia, de los trabajadores sino por su eficiencia legislativa donde consiguió hechos como; el plan vial del Chocó, la ampliación de la política educativa en los pueblos afrocolombianos, la ampliación del puerto de buenaventura, en compañía de Néstor Urbano Tenorio; la ley de Honores a Diego Luis Córdoba Córdoba, que incluyó la creación de la Universidad del Chocó, ley de aumento de los trabajadores, la retroactividad de las cesantías.
Como orador fogoso adelantó debates históricos como: contra la reforma constitucional de Carlos Lleras Restrepo, la cual centralizó el poder legislativo en el ejecutivo. A punta de controversia llevó al Presidente al colmo del desespero que renunció a la primera magistratura. El Chocó salió damnificado de dicha reforma, pues pasó de cuatro Senadores a uno solo, saliendo de ella la controvertida figura de los “Auxilios Parlamentarios”, los cuales iniciaron el derrumbe moraly consecuente desprestigio del poder legislativo. Ciertamente algunos parlamentarios hicieron buen uso de ellos, pero dieron la largada para el más descarado clientelismo y corrupción a través de fundaciones fantasmas,

Colombia se paralizó con el debata de José Ignacio Vives Echavarría, Versus Fadul y Peñaloza, padre del eterno aspirante y exalcalde de Bogotá. Se trataba de un negociado de tierras entre el gerente del INCORA, hoy INCODER, el Ministro de Agricultura Peñaloza, sobrino del expresidente Lleras Camargo y el gerente del INCORA, estaban amangualados para para desfalcar al estado. Vives Echavarría, samario supo del asunto y los escandalizó. La oligarquía santafereña liderada por Lleras Restrepo, se vino lanza en ristre contra el osado “corroncho”. Perealuma, hombre amante de la justicia se volvió el defensor de la institucionalidad ya que está fue puesta al servicio de una conjura para liquidar al samario. En esos debates Perealuma mostró su alta jerarquía como jurista, demostrando que se trataba de una felonía contra Vives Echavarría.

Su gallardía y espíritu justiciero, le valieron el odio y represión del Carlos Lleras Restrepo.