sábado, 6 de noviembre de 2010

NATANAEL DIAZ (1919-1964)

Por: Guillermo Alberto González Mosquera
Notable escritor, político, orador, poeta, de Puerto Tejada (Cauca, Colombia). La tradición libertaria y rebelde de Puerto Tejada, tuvo en Natanael Díaz su más preclaro exponente. Para analizar lo que hizo en su corto pero intenso período vital, es necesario conocer lo que significa en el Cauca y en Colombia, este enclave negro del norte, sobre el río La Paila, en donde los hechos sociales y el entorno cultural se manifiestan de manera tan intensa, que han estimulado a numerosos historiadores, sociólogos y antropólogos a realizar estudios que hoy nos permiten conocer mejor a esa mediterraneidad negra, que no tiene par en la geografía colombiana. El profesor Cesar Augusto Ayala, de la Universidad Nacional, quien publicó un ensayo integral sobre el Puerto, advierte que desde los primeros años de formación de la población, "los negros mostraron una definida vocación por las letras" y añade que "la gente de Puerto Tejada tenía su esparcimiento cultural garantizado". Y refiriéndose al avance político, se atreve a afirmar que "más que cualquier otro aspecto de su historia, los moradores de Puerto Tejada han vivido de manera intensa lo político. Su ejercicio fue parte componente de su cotidianidad". Lo complementario a esta aseveración, es que el ejercicio de lo político estaba ligado a un liberalismo recio y activo como expresión partidaria. Y que ese rótulo catapultó a más de un dirigente para llegar a los escenarios nacionales. De otro lado, puede decirse que no existía jefe liberal, nacional o departamental, que se respetara, que no incluyera necesariamente en su agenda la consabida manifestación pública en el parque principal de la población.
Natanael Díaz recibe toda esta carga de lo cultural y lo político y la va a reflejar en su condición de poeta y de líder de su partido. El camino se lo preparan dos negros que marcan el comienzo de una representatividad propia, que antes estuvo atada a la dirigencia de Santander de Quilichao. El primero fue el abogado Jorge Fidel Fory, templado en las campañas que llevaron al liberalismo al poder en 1930. Y el segundo fue Alejandro Peña, que llegó a la Cámara de Representantes en 1943, siendo el primer negro portejadeño que se hacía escuchar en el Congreso de la República. En este sentido, Peña desbroza el camino por donde ha de llegar en el turno inmediatamente siguiente el joven Natanael Díaz, quien había estudiado Derecho en Bogotá en la Universidad Externado de Colombia, junto con otro paisano suyo, Arquimedes Viveros, que sería luego Diputado en el Cauca y también Representante a la Cámara. Natanael se entusiasmó con los aires de renovación y cambio que tenía la República Liberal y esto afianzó su vocación política y sus ideas de izquierda.
A los 26 años y con la tinta aún fresca en su diploma profesional, llega al Congreso y actúa como parlamentario afiliado al lopismo durante el período de 1945-1947. Lo sería nuevamente en dos ocasiones más, cuando en representación del MRL y ya restituidas las garantías constitucionales, ganó la curul y la ejerció hasta 1960. Alcanzó a ser vicepresidente de la Corporación. Como congresista necesariamente se iba a distinguir. Era talentoso y elocuente, sabía analizar con profundidad los problemas y se ganaba fácilmente por su cultura y simpatía el apoyo de sus colegas. Nunca usó el racismo como argumento en sus debates y no se conoce que alguien lo discriminara o marginara por su condición étnica. Al examinar las ponencias que presentó para distintos proyectos de ley, se observa como constante su preocupación por lo social y su afán porque algo de importancia y utilidad se consiguiera para la región que representaba.
Es común escuchar que Natanael Díaz tenía su verdadera vocación en las letras y no en la política. No falta la razón en ello. Su poesía tiene un profundo acento lírico y gran hondura conceptual. Trata temas sociales sin caer en el cliché. Lo hace con la voz angustiada de su raza. Para muestra los versos iniciales de su poema "Arcilla para un nuevo hombre", en donde se escucha su lamento interior:
Como escritor su prosa es limpia y castiza. Fluye espontánea con cierto grado de musicalidad, semejante a los cantos espirituales de los negros del sur de los Estados Unidos. Es memorable su discurso en representación del Movimiento Revolucionario Liberal en las exequias de Gilberto Alzate Avendaño, pieza que puede considerarse como un modelo en el género. Podía expresar sus ideas con racionalidad y hondura, características que se advierten en toda su producción escrita.
El Presidente Valencia le ofreció la gobernación del Cauca en 1962, cargo que declinó por motivos personales. Con su muerte prematura a los 44 años, desapareció el dirigente con mayor proyección política e intelectual del norte del Cauca en los últimos años.

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